Más silencio. José F. Moratiel
En este verano se agrietan, se resquebrajan nuestras tierras, los rastrojos, los páramos, hasta los caminos. Es como el grito de la tierra clamando por la lluvia. Es la tierra deseándose a sà misma, anhelando su fertilidad.
El alma, de alguna manera hay que decirlo, desea a Dios, desea su ser, se desea a sà misma. Es el único deseo permitido, el único deseo legÃtimo. Como tierra que clama por el agua. (Leer completo)
